No son épocas de inventarios.
Habría que tener grandes clasificaciones
para que no hubiese categorías vacías.
Y uno ya aprendió a ser meticuloso, detallista, sutil.
En esos términos las vaciedades se nos meterían por algunos poros.
Nos presentarían tres caras de una misma moneda.
Cinco sentidos en una misma dirección.
Un espejo con varias imágenes superpuestas de uno mismo.
Una vida con dos principios y un solo final,
o con un principio y dos finales negados.
Para qué mentirnos…
Si el contador tiene una sola columna en la hoja de balance
Y en vez del “debe” y el “haber”, solo ha puesto el “deber”
Uno puede descuartizar el libro de cuentas
Y despedir al contador por falta de sentido auditivo
Macerar las plumas en buen vodka
Hacerle gala a los humos mágicos
Y seguir soñando
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