Yo no estaba allí
cuando el silencio se desplomó sobre su garganta
No estaba cuando enmudecieron sus ojos
y el sudor le mojó la cara.
No estaba allí sosteniendo su memoria
ni consolando su etérea sombra.
No estaba en sus sueños
ni habitaba con propiedad
algo que mereciera un eco,
un rayo de luz,
una brisa...
Yo no estaba,
ni tenía,
ni sabía.
Y cuando el tiempo marcó su hilo atroz en mi historia,
todo se me hizo ajeno.
Ajena mi casa, mis manos.
Ajeno el sopor del sueño
que no se distingue de mi mañana.
Yo no estaba allí.
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