Escribir puede ser un viaje hacia el centro de uno mismo. Un despellejarse y ofrecerse en carne viva. Una forma de liberación. Esa liberación que nos hace esclavos de la libertad, porque ya no es posible concebir otra forma. Escribir puede ser santo, muerte, vísceras, sangre, confesión, locura, demonios, eternidad. Escribir puede romper las reglas de las estructuras y atravesar el tiempo si tenemos el ímpetu y la valentía. O puede ser nada más que un epitafio.









martes, 14 de septiembre de 2010

Viajes

Por la senda infinita de tu mirada
he cruzado el asombro cierto
los oidos enteramente abiertos
y el ritmo de mis pies
a cuestas de una plácida mañana
Con el impulso de tu voz
soñé cada uno de los puentes
que subían desde mi espalda hasta tu adiós
Cada regreso ha sido mi descenso de la cumbre
mi pequeña muerte
Y aunque resucito intermitentemente
a veces temo quedar
sin una parte
de tu boca

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