Piel expuesta.
El vientre en las manos.
La sangre adivinándose en su aliento.
Una derrota plácida.
Nada que no se esfume hacia adentro de la mirada.
Era de sombra sus ojos.
Ganas de aflojar las piernas
y caer por fin.
La respiración entrecortada
pidiéndose perdón.
Un gemido leve pariendo sus palabras.
Un prisma nebuloso anticipando sus días.
Está ahí, quieta.
Devorándose la nada.
Escribir puede ser un viaje hacia el centro de uno mismo. Un despellejarse y ofrecerse en carne viva. Una forma de liberación. Esa liberación que nos hace esclavos de la libertad, porque ya no es posible concebir otra forma. Escribir puede ser santo, muerte, vísceras, sangre, confesión, locura, demonios, eternidad. Escribir puede romper las reglas de las estructuras y atravesar el tiempo si tenemos el ímpetu y la valentía. O puede ser nada más que un epitafio.
miércoles, 30 de noviembre de 2011
Como uno
Uno se yergue como un horizonte en llamas
se nutre del cimiento de las voces
de lo puro, lo esencial, lo indefinido
quien dijo "hasta aquí"?
todo se resume en la premura
en abordar las grietas
en renunciar a lo inmaculado
verter un poco de sangre y bebérsela
como dioses, como parias, como guerreros
como héroes del infierno
como poetas maltrechos por el sudor de la angustia
o simplemente como hombres
paladeando el humus del misterio
se nutre del cimiento de las voces
de lo puro, lo esencial, lo indefinido
quien dijo "hasta aquí"?
todo se resume en la premura
en abordar las grietas
en renunciar a lo inmaculado
verter un poco de sangre y bebérsela
como dioses, como parias, como guerreros
como héroes del infierno
como poetas maltrechos por el sudor de la angustia
o simplemente como hombres
paladeando el humus del misterio
El sueño del lobo
Anoche tuve un sueño extraño. Vi un lobo corriendo por la selva, solo, cazando y defendiéndose de los peligros que lo acechaban con fuerza y coraje. A veces se encontraba con otros de su especie y cazaban juntos, pero cada vez que se unía a algún grupo perdía el pelo y su aliento cambiaba. Se debilitaba y sus huesos comenzaban a crugir. Los demás esperaban que caminara a su ritmo, le exigían cazar a su estilo, comer las sobras, no salirse del territorio, ajustarse a las normas del clan. Al poco tiempo el lobo empezaba a perder también el olfato y su instinto hasta que, poco después, dejaba de reconocerse. Allí comenzaba la pelea. Al no reconocerse a sí mismo dejaba de reconocer a los demás lobos como pares y los atacaba. Ellos no entendían y el lobo no sabía qué sucedía. A veces lo dejaban seguir con ellos, porque era buen cazador, hacían algunas concesiones y hasta le proponían que fuera quien estuviera al frente. Pero aún así seguía sin reconocerlos y partía solitario a recorrer otros caminos.
Una noche, luego de fuertes tormentas, de una búsqueda incesante de reparo, cayó rendido a dormir en un descampado. Cuando despertó, aún de noche, estaba rodeado de un grupo de lobos que no había visto antes. Se sacudió sobresaltado y pensó en huir nuevamente. Algunos dieron algunos rodeos como invitándolo a acercarse. Ninguno dormía. Había una loba amamantando a su cría, mientras otros devoraban un animal cazado durante el día y le acercaba algunos trozos de la presa. Un pequeño grupo se bañaba en una laguna y el resto correteaba con los más jóvenes ejercitándolos para la cacería del día siguiente. En un momento el grupo que se alimentaba se alejó del banquete para dejarlo comer. Vieron que estaba hambriento y siempre había para todos. El lobo no dudó en devorar algunas partes y apenas recuperó fuerzas pensó en marcharse a seguir su camino. Pero cuando levantó la cabeza se dio cuenta que el resto, muy quieto, lo observaba. Descubrió que su pelaje estaba intacto y reconoció el olor del conjunto. Dio unas vueltas inquieto mientras el resto esperaba. Casi como un impulso dio media vuelta para internarse en la selva nuevamente sin saber hacia donde. Se detuvo un momento para observarlos y descubrió la luna reflejarse en sus miradas. Cada uno de ellos le devolvía una parte de la imagen de a si mismo, y supo allí que esa era su manada.
Cuando desperté de aquél sueño me levanté de la litera y miré por el ojo de buey. Vi la costa alejarse lentamente. El viaje comenzaba con buen presagio.
Una noche, luego de fuertes tormentas, de una búsqueda incesante de reparo, cayó rendido a dormir en un descampado. Cuando despertó, aún de noche, estaba rodeado de un grupo de lobos que no había visto antes. Se sacudió sobresaltado y pensó en huir nuevamente. Algunos dieron algunos rodeos como invitándolo a acercarse. Ninguno dormía. Había una loba amamantando a su cría, mientras otros devoraban un animal cazado durante el día y le acercaba algunos trozos de la presa. Un pequeño grupo se bañaba en una laguna y el resto correteaba con los más jóvenes ejercitándolos para la cacería del día siguiente. En un momento el grupo que se alimentaba se alejó del banquete para dejarlo comer. Vieron que estaba hambriento y siempre había para todos. El lobo no dudó en devorar algunas partes y apenas recuperó fuerzas pensó en marcharse a seguir su camino. Pero cuando levantó la cabeza se dio cuenta que el resto, muy quieto, lo observaba. Descubrió que su pelaje estaba intacto y reconoció el olor del conjunto. Dio unas vueltas inquieto mientras el resto esperaba. Casi como un impulso dio media vuelta para internarse en la selva nuevamente sin saber hacia donde. Se detuvo un momento para observarlos y descubrió la luna reflejarse en sus miradas. Cada uno de ellos le devolvía una parte de la imagen de a si mismo, y supo allí que esa era su manada.
Cuando desperté de aquél sueño me levanté de la litera y miré por el ojo de buey. Vi la costa alejarse lentamente. El viaje comenzaba con buen presagio.
Epitafio de mi sombra
Se me han incinerado las ideas
parece que escribiera todo el tiempo
el mismo epitafio de mi sombra
Repito sin cesar iguales sueños,
insalubres duelos,
íconos idénticos
Pero escribo y escribo
intentando dar una vuelta más
tal vez haya que volar más alto,
me digo
cambiar la perspectiva,
acomodar el ojo a una nueva desidia
reventar los nervios
o quedarme quieta -wu wei-
y ver pasar mi entrecejo
y acomodarse, tranquilo, en cada verbo
O despellejarme ahora,
que tengo tantas ganas del encuentro
Vaciar cada pulso ya medido
y aspirar un aire que sacuda los pulmones
No estoy seca todavía
Y si lo estuviera, molería mis huesos
y los echaría al viento como cenizas.
parece que escribiera todo el tiempo
el mismo epitafio de mi sombra
Repito sin cesar iguales sueños,
insalubres duelos,
íconos idénticos
Pero escribo y escribo
intentando dar una vuelta más
tal vez haya que volar más alto,
me digo
cambiar la perspectiva,
acomodar el ojo a una nueva desidia
reventar los nervios
o quedarme quieta -wu wei-
y ver pasar mi entrecejo
y acomodarse, tranquilo, en cada verbo
O despellejarme ahora,
que tengo tantas ganas del encuentro
Vaciar cada pulso ya medido
y aspirar un aire que sacuda los pulmones
No estoy seca todavía
Y si lo estuviera, molería mis huesos
y los echaría al viento como cenizas.
A veces
A veces suelo desdibujarme
cuando ninguna fuente clara me estimula
la nada y el vacío no me asustan
hundo el sable en la queja
en la falta, la matriz sin forma
vienen a mi tres soles negros
con historias ya contadas, y una herida
un ruego se acompasa en mi cerebro
yo le pongo la música de un tren,
y lo festejo
es poco, yo se, pero qué tanto!
a un vicio no se le pide un canto
se lo macera con el pie izquierdo entre la hierba
se lo llena de altibajos disonantes
y se lo deja madurar
que ya se sumarán otros errantes
abrazados al pedal de la humilde maquinaria
traerán sus musas al saguán de mi fe
y saldrá tal vez una plegaria.
cuando ninguna fuente clara me estimula
la nada y el vacío no me asustan
hundo el sable en la queja
en la falta, la matriz sin forma
vienen a mi tres soles negros
con historias ya contadas, y una herida
un ruego se acompasa en mi cerebro
yo le pongo la música de un tren,
y lo festejo
es poco, yo se, pero qué tanto!
a un vicio no se le pide un canto
se lo macera con el pie izquierdo entre la hierba
se lo llena de altibajos disonantes
y se lo deja madurar
que ya se sumarán otros errantes
abrazados al pedal de la humilde maquinaria
traerán sus musas al saguán de mi fe
y saldrá tal vez una plegaria.
viernes, 25 de noviembre de 2011
Olvido
Qué desearán mis manos
si el sentido de lo eterno
se bifurca a cada paso
se abre en dos hasta asfixiarte
precipita un ocaso
firmando la partida de defunción
de aquella hoguera
que nos sellaba las manos?
Un tembladeral de sombras
aulla
y rasga mis sienes...
Qué suelo rugirá mañana
que vuelvo a volar
sin un ápice de ganas
si la lástima se endiosa
y nos desgrana?
Qué sinsabor tendrás de lejos
si la corriente de las musas
no me dicta
una imagen para crearte
el día en que ya no te recuerde?
si el sentido de lo eterno
se bifurca a cada paso
se abre en dos hasta asfixiarte
precipita un ocaso
firmando la partida de defunción
de aquella hoguera
que nos sellaba las manos?
Un tembladeral de sombras
aulla
y rasga mis sienes...
Qué suelo rugirá mañana
que vuelvo a volar
sin un ápice de ganas
si la lástima se endiosa
y nos desgrana?
Qué sinsabor tendrás de lejos
si la corriente de las musas
no me dicta
una imagen para crearte
el día en que ya no te recuerde?
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