Escribir puede ser un viaje hacia el centro de uno mismo. Un despellejarse y ofrecerse en carne viva. Una forma de liberación. Esa liberación que nos hace esclavos de la libertad, porque ya no es posible concebir otra forma. Escribir puede ser santo, muerte, vísceras, sangre, confesión, locura, demonios, eternidad. Escribir puede romper las reglas de las estructuras y atravesar el tiempo si tenemos el ímpetu y la valentía. O puede ser nada más que un epitafio.









miércoles, 30 de noviembre de 2011

A veces

A veces suelo desdibujarme
cuando ninguna fuente clara me estimula
la nada y el vacío no me asustan
hundo el sable en la queja
en la falta, la matriz sin forma
vienen a mi tres soles negros
con historias ya contadas, y una herida
un ruego se acompasa en mi cerebro
yo le pongo la música de un tren,
y lo festejo
es poco, yo se, pero qué tanto!
a un vicio no se le pide un canto
se lo macera con el pie izquierdo entre la hierba
se lo llena de altibajos disonantes
y se lo deja madurar
que ya se sumarán otros errantes
abrazados al pedal de la humilde maquinaria
traerán sus musas al saguán de mi fe
y saldrá tal vez una plegaria.

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