Escribir puede ser un viaje hacia el centro de uno mismo. Un despellejarse y ofrecerse en carne viva. Una forma de liberación. Esa liberación que nos hace esclavos de la libertad, porque ya no es posible concebir otra forma. Escribir puede ser santo, muerte, vísceras, sangre, confesión, locura, demonios, eternidad. Escribir puede romper las reglas de las estructuras y atravesar el tiempo si tenemos el ímpetu y la valentía. O puede ser nada más que un epitafio.









viernes, 25 de noviembre de 2011

Olvido

Qué desearán mis manos
si el sentido de lo eterno
se bifurca a cada paso
se abre en dos hasta asfixiarte
precipita un ocaso
firmando la partida de defunción
de aquella hoguera
que nos sellaba las manos?
Un tembladeral de sombras
aulla
y rasga mis sienes...
Qué suelo rugirá mañana
que vuelvo a volar
sin un ápice de ganas
si la lástima se endiosa
y nos desgrana?
Qué sinsabor tendrás de lejos
si la corriente de las musas
no me dicta
una imagen para crearte
el día en que ya no te recuerde?

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