Escribir puede ser un viaje hacia el centro de uno mismo. Un despellejarse y ofrecerse en carne viva. Una forma de liberación. Esa liberación que nos hace esclavos de la libertad, porque ya no es posible concebir otra forma. Escribir puede ser santo, muerte, vísceras, sangre, confesión, locura, demonios, eternidad. Escribir puede romper las reglas de las estructuras y atravesar el tiempo si tenemos el ímpetu y la valentía. O puede ser nada más que un epitafio.









viernes, 17 de agosto de 2012

XII

Con las pupilas clavadas en el vacío
y una sensación de flotar sin tiempo
casi sin historia,
cuando Cronos me guiña,
un remolino se lleva una cuota más
de lo que nunca quise
de lo que adoré
de un eslabón de mis vértebras
Me acerco...
me alejo...
me acerco...
me alejo...
La vida cobra sentido.
La vida cobra el sentido
y no tengo qué pagarle.
He perdido parte del miedo.
El dolor puesto en el blanco
fue acribillado por un suspiro
Y mientras mis dedos articulan estas palabras
unas lágrimas dicen que no es cierto

martes, 24 de abril de 2012

XIV

Hay quienes sobrevuelan el amor perdido
como un ave de rapiña
sobre los restos de una presa.
La cacería ha terminado...
El breve alimento
invade desde las horas muertas
convirtiendo la ilusión en una película muda
Es verdad la caricia del ocaso
si adoramos el sol en toda su vertiente
si navegamos cada rayo como un disparo
como una entrega sin tácticas bélicas.
Podemos sucumbir a las corazas,
palpitar cada sombra de hoy
y dormir en total oscuridad.
Pero no hay espacio en el silencio,
no hay caminos que griten el nombre
que hoy le suma sentido a tu espejo.
El desafío es catapultarse a lo  nuevo.
No hay farsas que inventar.
No hay escrituras del pasado,
no somos dueños del tiempo.
Un prisma descompone la memoria.
Los rostros-noches se confunden
y cae la luna en una botella.
Suelto la última pluma
y vuelvo a andar desnuda en plena esperanza.

jueves, 26 de enero de 2012

VI

Me encantaría serte fiel. Pero sucumbiría
Uno a uno los alambrados de mi cabeza se convertirían en “mañana”
y mi presente quedaría vacío.
Vacío de vos
Vacío de altares y sacrificios
Vacío de penas, y alegrías
y del susurro cruel de antepasados
vírgenes de dialécticas mundanas
Ahora caigo en mí y en mi sombra
Le doy la mano a mis oscuridades
Y maldigo la esperanza y la ilusión
Maldigo tu nombre y el mío escritos a la par
O en un soneto absurdo que se quedó sin gomina

XI

Es terrible comprenderlo desde muy joven. 
Tu ser confunde a otros.
Tu mirada les asusta. 
Los colores suelen parecer espejismos
y un prisma gris desdibuja los detalles de tu entorno.
La sensación de que el mundo es una avalancha de vacío,
como cuando regresas de un funeral de alguien cercano. 
El sin sentido.
La magia pesada de la incertidumbre dejándote una especie de mareo
y el cuerpo pidiendo que lo hundas en el sueño profundo,
en alguna desconexión que limite el ahogo.
Cuando te vi no sospeché que me abrazarías.
Cuando me abrazaste y por unos instantes las coordenadas se invirtieron
y el tumulto alrededor se desplazó en otro tiempo, 
no supe de tu mano buscando la mía como firma de algún pacto sagrado,
de cierta unión tácita, una que no tuviéramos que explicar.
En el preciso instante en que advertiste qué cosa me unía a otros seres lo confirmaste.
“Toda vida es un pozo de soledad que va ahondándose con los años”,
resaltaste en aquel libro.
Cuidaste meticulosamente las evidencias. 
Sabías perfectamente que no sería presa de una obviedad, 
que huiría de cualquier cliché. 
Que no era el dolor por el dolor mismo lo que podría atraerme, 
sino justamente la textura, 
los colores,
la riqueza material de las paredes de ese pozo,
que era la tuya.
Y ese tesoro era el que sabías que intuiría 
si te esmerabas en cubrirlo, 
en camuflarlo con la parte de vos que necesitás para vivir, 
pero que a veces duele más que el propio abismo. 
Sabías que escucharía el grito.
Aunque fuera solo una bocanada de aire simulando un suspiro, 
o una exclamación.
Tus ojos gritan. 
Tus ojos que luchan denodadamente 
contra el cansancio de tus párpados. 
Tus ojos que se expanden, 
se proyectan, 
miran en el afuera todo tu interior desperdigado.
Me pedís que recoja tus pedazos y los encolumne detrás de tu sonrisa?
Que desarme los llantos y reconstruya con las partes la imagen de otro sueño?
Que mire por vos hacia el fondo y calme tu desesperación?
Que eclipse tu silencio con el mío y te llene de palabras no dichas?
Está bien. Si. Creo que puedo amarte.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Inventarios

No son épocas de inventarios.
Habría que tener grandes clasificaciones 
para que no hubiese categorías vacías.
Y uno ya aprendió a ser meticuloso, detallista, sutil.
En esos términos las vaciedades se nos meterían por algunos poros.
Nos presentarían tres caras de una misma moneda.
Cinco sentidos en una misma dirección.
Un espejo con varias imágenes superpuestas de uno mismo.
Una vida con dos principios y un solo final, 
o con un principio y dos finales negados.
Para qué mentirnos…
Si el contador tiene una sola columna en la hoja de balance
Y en vez del “debe” y el “haber”, solo ha puesto el “deber”
Uno puede descuartizar el libro de cuentas
Y despedir al contador por falta de sentido auditivo
Macerar las plumas en buen vodka
Hacerle gala a los humos mágicos
Y seguir soñando

lunes, 5 de diciembre de 2011

XIII

A veces
cuando las verdades chorrean humanidad
un segundo nos cuesta el alma
Entonces
hay que apostar a cara o cruz
las horas vividas
para que en el minuto mismo de la sed
no se nos derrumbe la mirada
Es simple:
cercar los gritos
acomodar el encierro
y guardar los humores en el patio trasero

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Vivos

Tal vez no recuerdes aquel día
pero mis oídos tienen memoria
y saben de aquel suspiro al rozar tus dedos, apenas.
Tus ojos brillaban.
Y no es que hoy signifique menos
que tus dedos se hayan convertido en alas.
Pero cuando eran apenas esa piel,
volvías a mi con tu emoción viva.