Escribir puede ser un viaje hacia el centro de uno mismo. Un despellejarse y ofrecerse en carne viva. Una forma de liberación. Esa liberación que nos hace esclavos de la libertad, porque ya no es posible concebir otra forma. Escribir puede ser santo, muerte, vísceras, sangre, confesión, locura, demonios, eternidad. Escribir puede romper las reglas de las estructuras y atravesar el tiempo si tenemos el ímpetu y la valentía. O puede ser nada más que un epitafio.









miércoles, 30 de noviembre de 2011

S/T

No oscurece la bronca
este cementerio de palabras feroces
El fastidio se asemeja a la orfandad de los misterios,
a la soledad de las pasiones.
No podrá, la brújula en el cielo
catapultarme al futuro en el que creo.
No podrá la maquinaria de la ilusión
darme otro crédito
Estoy en bancarrota
Los incrédulos me han vendido los sinsabores de la farsa
Y yo compro condimentos:
resignación, paciencia, olvido
para digerirla sin contratiempos.

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