La esperanza abrió un tajo en mi calle.
Y la tierra comenzó a abrirse en dos,
desde la vereda de enfrente hasta mi casa.
La espera misma se transformó en esa herida
que no sana porque ni pus genera.
"No tiene anticuerpos -dice mi abuela-
por eso se pone roja y solo duele y duele.
La espera te mata, criatura de dios. No esperes nada".
Cuando la calle está vacía es hora de mudarse,
no de abrir tajos de esperanza.
A mudarse de soles, de almanaques, de tendales de humor, de siestas. Huir...
Apretar el gatillo del alma y borrarte de un solo clic.
Y si no alcanza con todo eso,
batirme a duelo con cada pedazo tuyo
que quede vivo bajo mi piel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario