Todo el tiempo allí. Invitándome a soltar amarras.
Proponiéndome el juego perverso de perderme para ganar,
de alzar el vuelo sin alas,
de morder la pasión de otro viaje,
no el común del acontecer simpático aplaudido por los adoradores de lo originalmente vulgar.
La entrega total, me pide.
Abandonar el cielo con la vía láctea clasificada en constelaciones.
No tener un solo mojón en el silencio,
no tener un solo grito de esperanza.
No me le animo, lo confieso.
Ya presagiaron una muerte anterior de sinrazón,
o tal vez de verdad, quien sabe.
Ya dijeron una vez: "murió loca"
y nadie supo que dimensión tocaba con el rabillo del ojo.
A veces suelo pasar de mi a mi misma y no hay tantos márgenes de error.
Ni siquiera una columna,
o una lápida errante.
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